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Mi experiencia con la lactancia materna

Hoy vengo a contar mi experiencia con la lactancia materna, aquella que, los que me conocen, saben que sufrí tanto al inicio, pero disfruté tanto después. Y, como digo, es mi punto de vista acerca del tema, mis vivencias y lo que aprendí en el camino, así que no pretendo dar nada por hecho ni decir lo que está bien y lo que está mal.

Lo que me pasó con mi primer embarazo, como creo que le sucede a casi todas las primerizas, es que idealicé todo lo que venía por delante, un embarazo estupendo y maravilloso en el que te encuentras divinamente, no tienes náuseas, no engordas más que de la panza, no te duele la espalda, no te duermes por los rincones… un parto natural tranquilo y sin complicaciones, cierto es que este aspecto genera más dudas, pero aún así todas albergamos la esperanza de que el nuestro sea perfecto… y después, la lactancia… ay la lactancia, de esto vamos a hablar largo y tendido.

La lactancia materna es un tema que está cobrando mucha importancia recientemente, después de que hubo una época en la que la leche de fórmula se consideraba al mismo nivel que la leche materna y se impulsó fuertemente. Por suerte, hoy en día es fácil encontrar mucha información acerca de las bondades de la leche materna desde el punto de vista nutricional y de salud y, desde todas las instituciones oficiales, como secretarías de salud y asociaciones pediátricas, se está realizando una gran labor para promoverla.

No obstante, lo que no te cuentan es lo duro que puede llegar a ser. Tú te imaginas una lactancia de revista, sentada en una mecedora con tu bebé en brazos mamando plácidamente, un momento maravilloso que estás deseando vivir, pero llega el momento y se convierte en uno de los más oscuros que hayas vivido. Obviamente, hay muchas mamás a las que se les da de maravilla y disfrutan de una lactancia de anuncio, eso no lo dudo, pero también somos muchas otras las que lo pasamos realmente mal, al menos durante el inicio, y esto nadie nos lo cuenta antes de que llegue el momento, por lo que llegamos sin preparación alguna.

En mi caso, con mi primera hija yo tenía clarísimo que quería darle el pecho, me había informado muy bien (como buena mamá primeriza) acerca de todas las ventajas que tiene la leche materna para el bebé y, por supuesto, yo quería dárselas a la mía. En las clases de preparación al parto que, por cierto, le recomiendo a todas las mamás que vayan, primerizas o no, porque la información que te dan es valiosísima. A mí me hablaron de todas las etapas del embarazo, del parto y de los primeros cuidados del bebé y la lactancia. Ahí aprendí que la lactancia puede ser un poco difícil, pero que el truco está en la postura, en vigilar que el bebé se agarre bien, en no esperar a que tenga demasiada hambre para que no se ponga nerviosa y se complique el agarre, etc.

Yo pensaba que con todas esas herramientas que me habían dado, podría salir del paso sin más complicaciones. El problema vino cuando, ya en el hospital el primer día, me empezaron a salir las primeras grietas en el pecho, ese dolor que conocí para mí era lo peor que había vivido nunca y lo peor es que me tomó totalmente desprevenida, nadie me había dicho que dar de mamar podía ser tan doloroso. Sí había oído que te podían salir grietas al principio, pero para nada me esperaba que las grietas significaran que se me iba a abrir la piel del pezón de tal manera que el simple hecho de ver a mi hija acercarse me hiciera ponerme a llorar.

Recuerdo que le decía a mi esposo que nuestra bebé para mí era como un cocodrilo, que cada máximo 3 horas, venía a destrozarme el pecho. Durante el día yo sólo pensaba en cuánto rato quedaba para la siguiente toma y qué pecho venía después, porque siempre había uno que estaba peor que el otro. Por suerte, aunque yo les di el pecho a demanda, ninguna de las dos fue demasiado exigente y más o menos aguantaban 2,5 o 3 horas entre toma y toma casi desde el nacimiento. Eso y el extractor de leche me salvaron la vida, cuando tenía ya las grietas tan mal que me era imposible darles de mamar, extraía la leche y se la daba con un biberón especial que tiene una forma de succión similar a la del pecho para que así no les afectara al agarre.

Hago aquí un inciso para que te fijes en la foto que he puesto antes, en la que parece que estoy estupendamente dando de mamar a mi hija de 1 mes y la que sigue aquí debajo, en la que realmente se ve mi cara de dolor al engancharse al pecho (y esto no es nada, estaba en un sitio público y trataba de disimular). Algo que sí es cierto es que, una vez se superaba el momento del agarre, el resto de la toma no era tan doloroso, te ibas acostumbrando y era más llevadero.

Esto que voy a contar no va a ser agradable, pero tener las grietas tan mal que no podía darles de mamar quiere decir que las tenía tan abiertas que cuando mamaban sangraban y al tragárselo las niñas, les sentaba mal y lo echaban. Era un drama. Esto me duró casi dos meses con mi primera hija y puedo decir que fue un periodo que no disfruté para nada, tenía dolor, preocupación por no saber si lo hacía bien, ganas de darme por vencida y pasar al biberón, lloraba mucho, prácticamente con cada toma. Las primeras dos semanas lo sufría, pero pensaba que se iba a pasar rápido, al menos eso me decían las enfermeras que me veían, las asesoras de lactancia, etc. Lo normal es que puedas tener grietas pero que se pasen en unos días, pero yo cada semana volvía al grupo de lactancia con la misma preocupación y con heridas cada vez peores.

Hubo una noche en la que no podía más y mi esposo se fue directo a la farmacia a comprar leche de fórmula para solucionar el problema, tratamos de darle un bibe a la bebé, pero no le gustó mucho y, como yo en cualquier caso no estaba convencida, no pasó de ahí.

Eso es otro aspecto que no te esperas y con el que no es fácil lidiar, mucha gente a tu alrededor te ve sufrir tanto que no entiende que sigas con ello y te preguntan que por qué no pasas a la leche de fórmula y ya está. Muchos hemos sido alimentados con leche de fórmula y no nos ha pasado nada. Y es verdad, tienen toda la razón, de hecho, si te pasa esto y no puedes más, no hay ningún problema en pasar a la leche de fórmula. Lo que pasa es que yo nací necia y me moriré así. Me había propuesto darle el pecho y lo quería conseguir, quería tener esa escena idílica de lactancia tranquila y feliz a toda costa. También es cierto que con ninguna de mis hijas tuve problemas de que no comieran suficiente y no engordaran, siempre han sido unas tragoncillas las dos, entonces no tenía esa preocupación añadida que tienen otras mamás que, además de lidiar con el dolor, tienen que pasarse media vida con el extractor para tratar de que sus bebés estén bien alimentados.

Así que yo seguí. Me leí todo lo habido y por haber relacionado con la lactancia en internet, probé todas las posturas para que no le afectara al agarre, no le di el chupón hasta que ya tuvo al menos un mes y no le di biberón más que lo justo y necesario, estaba superpendiente de cuándo podría tener hambre para que no se pusiera nerviosa, estudié con todo detalle el agarre de su boquita, analicé si podría tener frenillo… Poco a poco fui aprendiendo más, cada vez me fue doliendo un poco menos, el pecho se fue adaptando a su forma de mamar, las heridas se fueron curando y un día, poco antes de cumplir los dos meses, me di cuenta de que le daba el pecho sin dolor, tranquila y disfrutando. No digo que esto sea un caso de éxito, fueron 2 meses de sufrimiento total, pero para mí fue el mayor de los logros. Y así continuamos hasta los 15 meses de vida.

Con mi segunda hija no diré que fue fácil, también salí del hospital con grietas, pero no se puede comparar. Lo que hace la experiencia no lo consigue ninguna otra cosa. Con ella sabía que se estaba agarrando bien, conocía las mejores posturas, comencé a extraerme la leche para dejar descansar el pecho y que se curaran las heridas desde el principio y, lo más importante, sabía que lo superaría antes o después. Con la primera, la incertidumbre de no saber cuándo lo superaría o, si realmente llegaría a superarlo sin rendirme antes, hacían que todo fuera más difícil.

En este caso, tardé menos de un mes en superar los dolores y durante ese mes, el sufrimiento fue mucho menor. Aprendí que mi pecho es sensible, que la forma del pezón sí importa (a pesar de lo que te puedan decir) y que de la experiencia se puede aprender mucho.

Como te decía al inicio, esta es mi experiencia, no pretendo sentar cátedra ni decir qué es mejor y qué no, claramente yo tuve un problema concreto y hay mil más que te pueden suceder a ti, o no sucederte ninguno. Lo que yo pretendo con este texto es explicar por todo lo que pasé para que, si hay alguna mamá ahí fuera que esté buscando explicaciones o simplemente apoyo emocional porque esté pasando por algo similar, lo pueda encontrar aquí.

Si tienes problemas con la lactancia, ten en cuenta que hay muchas asociaciones e instituciones que te pueden dar apoyo y consejos que te pueden servir de ayuda, o ten en cuenta también que no se acaba el mundo por darle a tu bebé leche de fórmula. Lo importante es que te tenga y que se sienta querido y protegido por ti.

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